jueves, 22 de mayo de 2008

Confesiones


Tu sombra habita en mí, puebla mis noches,
me aferró a ella... y es más intenso el dolor
.


Escribo triste,
mis alegrías están ausentes lejanas.
Mi vida... copa llena de dolor, bebo insaciable;
gota a gota, trago a trago.
Amargo licor en ágape dolido.
Bebo, no deseo y la copa siempre en mis manos,
trato de vaciarla y siempre llena,
borracho de dolor y nunca acabo.


Bebe en mi corazón, paloma, sacia tu sed,
calma tu hambre, toma mi pan.
Coge mi amor paloma,
son tus alas emprende vuelo.
Cuando, cansada de volar, te poses en otros lares,
recuerda que... bebiste en mi corazón,
te di mi pan y de mi amor nacieron tus alas.
Te di todo paloma lo demás... no me pertenece.


Volverás, cuando vuelvan las rosas y retorne la calma.
Por el camino de rosas y rojos claveles,
que recogerán tu pisada, tornará la alegría.
Brillarás Illarec Chaska y la blanca luna,
despertará para verte.


¿Qué se hizo del amor?
Hermoso navío que cobijó nuestras vidas.
¿Qué del puerto que divisamos juntos?
Amor... paloma de alas heridas
volando hacia el horizonte.
Sueños que tanto duelen.


¿En qué labios depositarás tu dulce néctar,
en qué brazos reposará tu cuerpo
después de los rigores del amor?
Sueños inconclusos.
¿En qué cuerpos ocultaré mi cuerpo,
qué brazos me brindarán abrigo;
en qué senos ocultaré mi rostro
y sollozando quedo te evocaré plena?


Esperarte aquella anoche
fue esperar el tiempo que no llega,
el bus que pasa y nunca se detiene.
Las campanadas marcan horas inexistentes,
y la noche, nos cubre de inquietudes
que el humo del tabaco no calma.
El cigarrillo de las 7.30 se consume,
y sigo en este paradero, para mí, inservible.
No hay lluvia ni recuerdos
sólo la noche, el paradero y mi soledad.


Te amé y aún te amara
si existiese una rosa en nuestras vidas,
sólo pétalos secos y rituales repetidos,
insensatos, en busca de amor bebiendo olvidos


Hoy las rosas y nuestros sueños,
no tienen mayor valor que esas cartas amarillas,
que siempre hablan de amores idos.
Sin embargo aún esperamos el tiempo de rosas,
aún sentimos cierto estremecimiento,
cuando este débil otoño limeño
hace caer las hojas que suenan
con ecos de amores y sueños vencidos.


Ya no son míos tus besos, tus caricias,
ya no habrá noches de amor.
Es la soledad que llega.

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